La mayoría de casos de violación sexual conocidos por la opinión pública presentan un denominador común: la pobreza. Tanto el caso de Pierina Cardoza, como el de las niñas de Huánuco como los que diariamente se presentan en los noticieros y periódicos tienen como protagonistas a víctimas y victimarios de escasos recursos.
¿Esto quiere decir que a más pobreza más violaciones? ¿Los sectores privilegiados de Lima tienen una tasa menor de agresiones sexuales? ¿Es una cuestión de dinero?
Conversamos con reconocidos psiquiatras y psicoanalistas —cuyos pacientes provienen de estos sectores— y comprobamos que, efectivamente, las víctimas provenientes de estos sectores prefieren el silencio a la denuncia. En los casos de ‘Foncho’, quien fue abusado sexualmente cuando tenía 8 años por Armando Bueno Galindo, dueño del colegio José Olaya de Miraflores, y de los del Sodalicio Cristiano de Vida, las víctimas se atrevieron a denunciar el delito después de más de 30 años. En los casos atendidos por los psiquiatras y psicoanalistas entrevistados, muchos nunca recurrieron a las autoridades.
Uno de los motivos para no hacer pública la denuncia es el proceso legal que se tiene que enfrentar así como los vacíos legales que se presentan. Por ejemplo, el abusador de ‘Foncho’ jamás recibirá una sanción pues el delito ya ha prescrito. De hecho, el señor Bueno Galindo podría abrir un colegio cuando le dé la gana sin que la ley se lo impida.







Pingback: Violaciones sexuales en clases altas | INFOS