Fotografía: Robin Platzer.
La increíble historia de Ira Rennert y sus hijas para contraer y desaparecer una deuda de U$139 millones. En esta sofisticada nota, publicada en conjunto con la revista Poder, se explica, por primera vez, el laberíntico préstamo que mantiene en pugna a varios grandes de la industria metalúrgica. ¿Volverá a intentar hacer de las suyas Rennert? Lo más probable es que sí.
escribe Gema Pons
El reciente nombramiento de Jorge Merino como ministro de Energía y Minas le agrega un componente más al círculo vicioso de acciones y operaciones bajo el sello Doe Run Perú (DRP), en manos del Grupo Renco y a cuya cabeza está el leonino magnate multimillonario Ira Rennert. Merino suscribió en 1997, en representación del Estado, el contrato de venta del complejo metalúrgico de La Oroya (MetalOroya), que implicaba el pago de US$121.5 millones y un aporte de capital de US$126.5 millones.
Según el Grupo Renco, es justamente el contrato el que le permitió (legalizó) que el aporte de capital que había efectuado fuese sacado el mismo día de la empresa bajo la modalidad de un préstamo a su casa matriz. Consultado sobre este tema, Merino señala que el Contrato de Transferencia establece claramente que ese aporte de capital debía destinarse necesariamente a financiar el compromiso de inversión de US$120 millones asumido por dicha empresa.
La pregunta que se cae de madura entonces es: ¿por qué el ministro de Energía y Minas, conocedor de este acto fraudulento y de otro que veremos más adelante, optó por alinearse en la junta de acreedores con los intereses de DRP para permitir así que sea esta misma empresa la que se encargue del proceso de reestructuración que se sigue en el Indecopi?
Como se recordará, DRP se declaró en quiebra en el 2009, 13 años después de que el Grupo Renco se hiciera con el complejo de manos de la empresa estatal Centromin. Luego de varias postergaciones a su Plan de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA) bajo el argumento de que enfrentaban problemas de liquidez, en realidad tejía una telaraña de movidas empresariales y financieras para sacar dinero de la compañía a sus empresas relacionadas. Todo bajo la pasividad de las autoridades de turno. Ante el incumplimiento del pago a sus proveedores, estos le cerraron el caño de provisión de minerales y la empresa se vio en la necesidad de acudir a un proceso concursal en el Indecopi.
Hoy, con una empresa vinculada en la junta de acreedores (Doe Run Cayman) –artífice de una de las jugadas financieras–, y con el voto del Ministerio de Energía y Minas (MEM) y de los acreedores privados, Doe Run podría volver a retomar las operaciones de la refinería en el plazo de 60 días hábiles. ¿Por qué el Estado y las empresas privadas volvieron a confiar en una empresa con un historial internacional de incumplimientos y caracterizada por exprimir a las empresas a las que ingresa?
¿Doe Run estará interesada esta vez en cumplir efectivamente con la elaboración de un plan de reestructuración alineado con el interés de todos los acreedores? Para aproximarnos a una respuesta hay que volver al pasado, donde un elemento central es cómo Ira Rennert terminó siendo acreedor de sí mismo. Volvamos a 1996.
EL INTERMINABLE PAMA
En 1996, Centromin había presentado un PAMA para los próximos 10 años, el cual fue asumido por la compradora estadounidense. Así, para el 2007, debían haberse resuelto los mayores problemas de contaminación producidos por la metalúrgica, a través de la construcción de distintas plantas de tratamiento. El PAMA debía haber evitado que La Oroya figurara en la lista de los 10 lugares más contaminados del mundo, codo a codo con ciudades como Chernobyl. Pero no lo hizo, apareciendo por primera vez en la lista negra en el 2006.
El plan ambiental fue modificado a solicitud de DRP en 1999, 2001 y 2002, en el sentido de bajar las metas anuales sobre los compromisos adquiridos. Es decir, cada vez se le exigía menos, sin que existiera una sustentación técnica de por qué. En el 2003, cuatro años antes de que finalizara el plazo fijado en la compraventa, DRP solo había invertido un 21% del presupuesto estimado del PAMA, ante la impasibilidad del MEM. Más aún, la empresa solicitó al gobierno una extensión del PAMA hasta el 2011, alegando dificultades financieras que le impedían concluir la inversión como consecuencia de la caída de los precios de los minerales. La reclamación de la empresa vino ‘acompañada’ de violentas protestas de sus trabajadores. La salida gubernamental para DRP tomó la forma del Decreto Supremo 046, que permitía la prórroga ‘excepcional’ de los plazos para el cumplimiento de programas medioambientales en el sector minero.
El PAMA se prorrogó hasta octubre del 2009, confiándose en que se resolverían los problemas medioambientales y DRP no figurara en una lista junto a Chernobyl. Sin embargo, el PAMA aún se tendría que postergar de nuevo y por 30 meses más, después de que en el 2009 el consorcio crediticio que daba capital de trabajo a Doe Run (formado por el BCP, el Paribas francés y el Standard Bank londinense) cortara su flujo de crédito, y el caso se convirtiera en el Lehman Brothers peruano. En esta ocasión se repitieron las violentas manifestaciones de los trabajadores como telón de fondo. De nuevo, la empresa no tenía capital de trabajo para continuar las operaciones y exigía el auxilio del Estado.
DRP, aunque había obtenido ventas en el 2007 por US$1.470 millones y por US$1.170 millones en el 2008, atravesaba una situación financiera crítica y paralizó prácticamente sus operaciones. Nadie de la familia del Grupo Renco —ya se verá que es numerosa y solidaria en ocasiones— acudió en ese momento a rescatarla. Antes bien, su ‘prima hermana’ Doe Run Cayman venía atesorando con paciencia un pagaré que reconocía a su favor un crédito de US$139 millones para mostrarlo ante el Indecopi meses después.
LAS HERMANAS LE PRESTAN AL PADRE
El origen de esta deuda se remonta 14 años atrás en el tiempo, y forma parte de la historia familiar de la propia DRP. Personaje central es el ‘patriarca’ físico de la familia empresarial de DRP, Ira Rennert, quien según Forbes ocupa hoy el puesto 196 de la lista de 400 hombres más ricos del mundo, con una cifra de US$5.900 millones de fortuna personal (en el 2009, esta cifra era de US$4 mil millones). Mr. Rennert es el accionista de una serie de empresas ‘holding‘, todas hermanas, que tienen al Grupo Renco de Estados Unidos como padre y van formando un árbol genealógico que cruza las fronteras y llega hasta DRP.
Todo empieza en octubre de 1997, cuando se privatiza MetalOroya y el concurso público es ganado por el Grupo Renco. Rennert prohija a DRP para hacerse cargo de la administración del complejo metalúrgico y se compromete a tres pagos. Primero, US$121,45 millones al Estado peruano por el 51% de las acciones de MetalOroya; luego, US$126,48 millones más como aporte de capital, para llegar a controlar el 100% de las acciones; finalmente, US$120 millones en el plazo de cinco años, como inversión destinada a ampliar y modernizar la planta y, en particular, dar cumplimiento al PAMA aprobado por el MEM el año anterior.
De manera que DRP necesitaba US$248 millones contantes y sonantes para poder adueñarse del complejo. ¿De dónde obtuvo Mr. Rennert los fondos necesarios? De la familia. Veamos:
En primer lugar, una de sus empresas ‘hijas’, Doe Run Mining, pide y obtiene dos préstamos: uno de US$225 millones del Bankers Trust y otro de US$23 millones de su empresa hermana Doe Run Resources. En total, Doe Run Mining recaba US$248 millones. Como buenas empresas hermanas, Doe Run Mining aporta capital a DRP, otorgándole los fondos necesarios para llevar adelante la operación de compra del complejo: todo lo recabado, es decir, los US$248 millones. Recordar que la mayor parte es prestada.
Con el dinero recibido, DRP hace los pagos de US$121,45 millones por el 51% de las acciones de MetalOroya y US$126,48 millones más como aporte de capital, haciéndose con el control del complejo, que se incorpora efectivamente a la familia Rennert.
Primeros pasos del complejo entramado de deudas y fusiones entre las empresas “hermanas” de Doe Run. Infografía: revista Poder.
Hasta aquí, todo parece quedarse en una deuda familiar de DRP frente a Doe Run Mining. Pero la cosa se complica, porque el siguiente movimiento lo hace la propia MetalOroya, la nueva hermana recién adoptada, que acaba de recibir los US$248 millones ‘de manos’ de DRP. MetalOroya no llega a disfrutar mucho de ese dinero, porque inmediatamente presta a Doe Run Mining US$125 millones, sin intereses, los cuales son a su vez rápidamente aplicados por esta para amortizar parte del préstamo de US$225 millones del Bankers Trust que solicitó para dárselos a DRP. Hay que remarcar aquí que esta operación tuvo lugar el mismo día que se efectuó el aporte de capital en MetalOroya (23 de octubre de 1997), lo cual fue hace más de 10 años, por lo que cualquier reclamo legal basado en este punto, habría prescrito.
EL LABERINTO DE LOS PRÉSTAMOS
Así, Doe Run Mining disminuyó la deuda que contrajo para ayudar a que su hermana DRP adquiriese MetalOroya, gracias a la propia MetalOroya. Aunque todavía le quedan US$100 millones de préstamo, sin olvidar los otros US$23 millones que también le debía a su hermana Doe Run Resources.
La jugada prosigue. En diciembre de 1997, MetalOroya, quien había recibido los US$248 millones de DRP y prestado US$125 millones a Doe Run Mining, es absorbida por DRP, produciéndose el primer fallecimiento en la familia. Ya no existe MetalOroya, pero sí el crédito de US$125 que esta tenía frente a Doe Run Mining, que es asumido como activo por DRP entre el resto de derechos y obligaciones. Todavía era una cuenta por cobrar a Doe Run Mining, con DRP como nueva acreedora.
En marzo de 1998, vuelve a entrar en juego la empresa hermana Doe Run Resources quien al principio de esta historia había prestado US$23 millones a Doe Run Mining para adquirir MetalOroya. Lo que hace Doe Run Resources es emitir bonos por valor de US$225 millones, y poniendo parte de la suma obtenida como garantía ante el Banco de Crédito Overseas consigue un préstamo a Doe Run Mining de US$125 millones (los mismos que ésta le debe a DRP, antes MetalOroya), más los intereses correspondientes.
¿Qué hace Doe Run Mining con esta suma? Recordemos que ya debe US$100 millones del préstamo inicial del Bankers Trust, US$23 millones a Doe Run Resources (ambas sumas que recabó para DRP) y US$125 a DRP (antes MetalOroya). De entre esta colección de acreedores, Doe Run Mining utiliza el nuevo préstamo por US$125 millones del Banco de Crédito Overseas para pagar los US$100 millones de préstamo inicial del Bankers Trust —con lo que lo salda—, así como los otros US$23 millones que le debe a la propia empresa que ha emitido los bonos, Doe Run Resources. Prefiere que la otra deuda de US$125 millones a DRP, quede pendiente.
Entonces, hasta aquí, tenemos el siguiente panorama familiar:
- Doe Run Resources, como ayuda para adquirir el complejo, ha prestado US$23 millones a Doe Run Mining, quien ya se los ha devuelto. También, gracias a la emisión de bonos garantiza US$125 millones ante el Banco de Crédito Overseas, suma que queda pendiente.
- Doe Run Mining ya no debe al Bankers Trust nada de los US$225 millones que solicitó para aportárselos a DRP y que esta adquiriese el complejo, gracias a los US$125 millones procedentes de DRP (antes MetalOroya) y a los US$125 millones últimos del Banco de Crédito Overseas garantizados por Doe Run Resources. Eso sí, sus nuevos deudores son DRP (US$125 millones) y Banco de Crédito Overseas (US$125 millones).
- DRP, al absorber a MetalOroya, tiene un crédito de US$125 millones frente a Doe Run Mining.
Hasta que en mayo del 2001, el panorama cambia: Doe Run Mining, la hermana que finalmente ostentaba las deudas familiares por la adquisición de MetalOroya (DRP, US$125 millones; y Banco de Crédito Overseas, US$125 millones), es absorbida por DRP. Es el segundo fallecimiento en la familia y tiene consecuencias contables millonarias.
Mañana: Tres escenarios y al diablo con el PAMA.












Pingback: Grupo Renco no pagaría nada por la adquisición de la fundición de La Oroya | Infos