Las rutas de la corrupción

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Mapa de las 45 rutas que pasan por la avenida Abancay, en sólo once cuadras. Éste es un ejemplo de la absurda congestión generada por las rutas superpuestas autorizadas por el Municipio limeño en los últimos 8 años. Elaboración: GTU – MML.

La tragedia del transporte limeño se puede resumir en tres letras: GTU.

Esas son las siglas de Gerencia de Transporte Urbano, la oficina de la Municipalidad de Lima que administra, regula y concesiona las rutas de los micros y las combis. Veamos unos ejemplos de lo que la GTU permitió en los últimos años:

  • Sólo en la avenida Abancay, por ejemplo, pasan 45 rutas. La vía solo tiene 11 cuadras, pero se hacen interminables porque casi cincuenta empresas distintas compiten por pasajeros en esa breve arteria del Centro de Lima.
  • La avenida Arequipa tiene 27 rutas, pero los más de 2 mil micros, combis y custers que la transitan terminan compitiendo salvajemente porque la frecuencia entre vehículos de una misma empresa suele ser de dos minutos.
  • En la Aviación son 108 las rutas autorizadas a circular por toda la vía o algunas de sus cuadras. Este centenar de rutas representan más de 6 mil vehículos saturándolas.

Según la actual administración de la GTU, ésta es la realidad del transporte público, a julio del 2011:

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—Esa superposicion de rutas hace que la gente se vuelva salvaje, pues –admite Ricardo Pareja, gerente de Transervice Canada, y uno de los dirigentes que lideró el último paro de transportistas.

Las rutas se convierten en nudos, que generan las congestiones, las carreras y, también, el estrés de los choferesque, alterados psicológicamente, terminan causando el 35% de los accidentes de la ciudad.

—¿Pero ustedes no han alimentado esta situación? ¿Para qué piden rutas que ya están saturadas? –le pregunta INFOS a Pareja–.

—Lo que pasa es que ha habido mucha corrupción, habría que reconocerlo –responde–. La forma en la que el señor Castañeda ha administrado esto ha sido indignante.

TRAMITADORES, AMARRES Y PUS

Luis Maraví, de la empresa Translima, resume así la administración de las rutas en la época de Castañeda:

—En la GTU, donde pones el dedo sale la pus.

Maraví recuerda que en el primer periodo de Castañeda existía diálogo entre la Municipalidad y los transportistas, pero que, en su segundo periodo, “allí se volvió mudo”.

—Le sirvió para ver hasta donde podía pellizcar.

Todos los transportistas entrevistados por INFOS coinciden en que estaban amarrados a un sistema que no les dejaba más salida que la que se encuentra debajo de la mesa.

Según los transportistas, la trampa era esta: desde la gestión de Andrade las rutas no se licitaban ni se concesionaban, sino que simplemente “se autorizaban”. Esto significa que las empresas tenían autorización para transitar por la ruta sólo por 6 meses o, máximo, un año. Vencido el plazo, tenían que volver a la GTU a renovarla autorización.

Digamos que un transportista necesita modificar, ampliar o renovar su ruta. Si seguía el trámite normal, regular y honesto, su expediente podía demorar hasta un año sin respuesta. Por tanto, esa no era una opción.

La otra salida eran los “tramitadores“. Un tramitador suele ser un abogado que dice tener contactos en la GTU. Ellos, aseguran los transportistas, podían resolver un caso hasta en 48 horas. De un año a 48 horas. No había que pensarlo mucho.

La ausencia de concesiones de rutas a largo plazo hacía que este escenario se repitiera varias veces al año. Los transportistas terminaban amarrados a este sistema.

—Así han manejado los ocho años de gestión anterior –dice Julio Rau Rau, dirigente de la Conet (Corporación Nacional de Empresas de Transportes del Perú).

Rau Rau, y en esto coinciden todos los entrevistados, fue uno de los más perjudicados por la administración de rutas de Castañeda. Lo interesante es que Rau Rau denuncia a los otros consorcios –entre los que se encuentran nuestros entrevistados anteriores, Pareja y Maraví– de haberse beneficiado del sistema corrupto.

—Sucede que, como ellos tienen la capacidad económica, en la GTU les modificaban la ruta e incrementaban la flota, previo pago por lo bajo. Lamentablemente no hay como probarlo –dice Rau Rau.

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Dirigente transportista Julio Rau Rau: “Hasta el último día de la gestión Castañeda se estuvieron inscribiendo nuevas rutas“. Fotografía: La Hora del Taxista.

—Yo lo he querellado por difamacion al señor Rau Rau y le estoy ganando –responde Javier Baraybar, el último gerente de la GTU de la administración Castañeda.

Baraybar lo niega todo y sostiene que la gestión anterior impidió el ingreso de más flota, que no daban permisostemporales y que “les he entregado [a la actual admnistración] trescientas y tantas rutas; no sé como ha aumentadoa tantas como las que hay ahora.” Baraybar incluso niega que haya habido corrupción municipal, sino que se trataba de estafas de los tramitadores:

—Los tramitadores van y les dicen a los empresarios “yo te arreglo esto” y después hacen un trámite regular y les cobran como si hubieran gastado extra.

Sin embargo, tanto transportistas como los actuales funcionarios municipales coinciden en que las rutas aumentarondurante la gestión anterior y que se otorgaron o renovaron a voluntad de los tramitadores, sin criterios técnicos

—Dicen, dicen… han dicho muchísimas cosas -dice Baraybar-.

Pero aún falta lo peor: todos los mapas, cifras y problemas que hemos presentado sólo pintan una parte del panorama. Hay más rutas y más combis que atraviesan la ciudad pero sobre las que la Municipalidad de Lima (ni la anterior ni la actual) no tiene ningún poder. Son las empresas y las rutas autorizadas por la Municipalidad del Callao.

CHIMPÚM, RUTAS

Aunque la Municipalidad del Callao se negó a alcanzarnos información, INFOS conoce que, hasta el 2008, el 27% de todas las rutas que pasan por Lima, han sido autorizadas por la comuna chalaca.

Esto quiere decir que debemos sumar 169 rutas y casi 10 mil vehículos chalacos más a los ya autorizados por el Municipio de Lima.

Casi ninguna de esas rutas, por cierto, se queda dentro de los límites del Callao. Suelen congestionar La Marina, Javier Prado, Arequipa, Benavides y llegar hasta Villa el Salvador, San Juan de Miraflores o Villa María del Triunfo. En realidad, recorren toda Lima sin que la Municipalidad Metropolitana pueda hacer algo para detenerlas.

Por eso, explican funcionarios de la actual gestión, es que la alcaldesa Villarán tiene meses insistiendo en que el Ejecutivo debe crear una Autoridad Única del Transporte, a cargo de la comuna limeña, que tenga poderes sobre toda el área urbana. Mientras tanto, la Municipalidad capitalina tendrá atribuciones muy limitadas sobre las 139 empresas inscritas en el Callao.

Una de las empresas chalacas, quizás la más importante,  es la ahora infausta Orión, responsable de la muerte del fotógrafo Ivo Dutra. Según sus competidores, Orión tendría nada menos que 11 rutas autorizadas. Una situación bastante peculiar, puesto que la mayoría de empresas en toda el área metropolitana tiene sólo dos.

Consultado al respecto, el presidente del directorio de Orión, José López Vidal, no quiso precisar “por seguridad” cuántas rutas administraba.

¿Cuál es la historia de Orión? ¿Cómo así alcanzó la prosperidad y las mejores rutas de Lima y Callao? ¿Cuál fue su relación con el gremio de empresarios que se opone a la reforma del transporte? Las respuestas, mañana.

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